Nunca estuve tan consciente de lo mucho que he cambiado físicamente, como el día que se me venció la cédula y en el cubículo me tomaron una foto nueva y me hicieron la comparación con la original.  ¡Wao! ¿Cuándo empezaron a golpearme tanto los años?

Según yo, seguía siendo el mismo de la foto antigua, hasta que me di cuenta que esa había sido tomado hace 10 años.

  • ¿Qué he estado haciendo todo este tiempo que no me di cuenta que ya pasó una década?

De regreso a mi casa, ya recuperándome del shock (aunque le parezca mentira), empecé a reflexionar en 3 verdades que me trajeron consuelo y paz ante el paso inminente y cruel del señor tiempo.

1. No se trata de mí.

Contrario a lo que pudiera pensar una persona que navega en su ego, yo no soy el personaje central de mi historia, no soy yo en realidad el actor principal. Solo soy un peregrino que cumple una misión dada por el director del universo, un pedazo de barro en manos del alfarero, cuyo aspecto físico es irrelevante siempre que sea útil y tome la forma que le den las manos del verdadero artista.

2. Todo pasa.

La Biblia dice en Salmos 103:15-16. “El hombre, como la hierba son sus días; florece como la flor del campo, que pasó el viento por ella y pereció, y su lugar no se la conocerá más”. Es de necios aferrarse descontroladamente a lo transitorio.

Si la vida pasa tan rápido y “el viento hará que mi lugar en el campo no se conozca más”, debería enfocarme en dar mi fruto, aroma y color, en el espacio y tiempo en el que fui plantado. Así, aunque después mi lugar no se recuerde, habré logrado la sonrisa del dueño de la campiña.

3. Cada tiempo es para celebrar

Desde el primer diente que sale a los 6 meses, hasta el último que botamos a los 100 años, deberíamos de vivir una celebración constante. ¿Por qué? Porque Dios ha organizado cada etapa.

Salmos 31:15 dice: “En tus manos están mis tiempos…”

Estuvo en mi nacimiento sonriendo igual que mis padres y estará también en mi sepelio consolando a los que lloren por mí.

No puedo controlar el tiempo ni sus huellas en mí, pero puedo encargarme de cumplir por la gracia, la misión encomendada por aquel que es superior al tiempo y el espacio.

Imagine por un momento la llegada a la meta de estos dos personajes. Uno, de aspecto impecable y encantador, tan astuto que pudo sortear los embates del tiempo, pero olvidó lo más importante, cumplir la misión principal de su vida, aquella que seguramente le habría hecho mostrar algunos surcos en la piel. Demasiada belleza, para pensar que hubo un mínimo de esfuerzo durante la carrera.

El otro, piel marcada y cabello cenizo, se nota que estuvo en al mar, que se metió hasta el fondo a pescar por mandato oficial, que no procuró figurar en una portada, su corazón se alegró con solo saber que sus acciones daban gloria a su Señor.

Salmos 115:1 “No a nosotros, oh Jehová, no a nosotros. Sino a tu nombre da gloria, por tu misericordia, por tu verdad”

Párese frente al espejo y medite en esta verdad. Usted solo es un instrumento, nunca será más importante que el instrumentista. Permita que su vida lleve gloria a Dios en todo lo que haga, a fin de cuentas las marcas llegarán, pero será mayor el esplendor que las cenizas.

El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido por Carlos MGallo

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Google photo

You are commenting using your Google account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

Connecting to %s